El Encierro, por Rocio Gonzalez
- panhelp
- 20 abr 2020
- 2 Min. de lectura

Hubo un día en el que se cerraron escuelas, bares, universidades, cerró el kiosco de la vuelta, el de local de tu amiga.
Cerraron todo y los mandaron a aislarse.
Distanciamiento Social Obligatorio decía ese señor en la televisión.
Se vaciaron las plazas, los juegos estaban rodeados de cintas de prohibido pasar, las calles neuquinas que antes destilaban ruido, bocinazos y bullicio, hoy, eran calles en calma, en quietud.
Si. Les dijeron que no podían salir de sus casas entonces no pudieron ver más a sus familias, a sus amigos, a sus parejas, a sus compañeros del laburo o de la facultad. A nadie.
Algunos, tenían la suerte de vivir acompañados, otros, solos en su soledad de su departamento tenían que afrontar eso que estaba pasando.
Y así fue en todo el mundo.
“Nos quedamos en casa”, lo repetían como si fuera algún padre-de-no-se-quien que les iba a salvar de ese virus que estaba arrasando con todo ser humano que estaba a su paso.
Y desde el encierro empezaron a aflorar muchos sentires, se podía ver lo más oscuro del ser, así como toda su luz.
¿Cómo hacían para que las horas parecieran segundos y los días pasen más rápidos antes de que la ansiedad los abrace?
Dentro de cada casa, de cada rincón del planeta, habitaba un Universo que estaba enfrentándose con la realidad todos los días, y esa es una lucha que pocos supieron apreciar.
No los trajeron a este mundo para ocuparse al cien por ciento de no perder la cabeza. Hasta que llegó el día en que la rutina se estrelló contra su pared y no les quedaba otra más que sentarse en frente de un espejo, y escucharse.
Miles de sensaciones los habitaban, desde acá se podía ver, flotaban sus auras multicolores, irradiaban tanta luz y oscuridad, los pensamientos eran ondas magnéticas tan fuertes que rebotaban hacia ellos con un principio de realidad que los desvelaba en sus noches de insomnio.
Tenían que hacerse cargo de verse a sí mismos cuando antes, el sonido de los autos lo silenciaba.
Los pensamientos que habitaban en ellos querían salir, pero el trabajo, el auto, el gimnasio, la facultad y las cuentas que pagar les hacían olvidar que eran su propia prioridad.
Aún hoy, después de todo lo que pasaron, no lo entienden, no todos en su totalidad.
No son lo que comen, cuánto ejercicio hacen o cuánto estudian, no son lo que te pusieron a arreglar en su casa o cuántos cursos online hicieron, no. No. No son eso.
Realmente fueron lo que se permitieron sentir, pensar, oír, desear, extrañar.
Fueron todo lo intangible de esa situación que los englobaba a toda la humanidad completa. Fueron los detalles pequeños que se permitieron.
Porque se sentían amados.
Y se sienten, hasta el dia de hoy.
Son el mate en la cama, el dormir hasta tarde, el hacerse un mimo, son una canción que los conecte con el mundo, son una sonrisa.
Y siguen siendo.
Rocio Gonzalez
Pintura: Alyssa Monks
Hola Rocio, i like how your are describing that we are not, what we are more then busy life, than routine (that doesn't let us breathe sometimes) and more than what others expect from us or what we expect from ourselfs. and that BEING is much deeper that that. :)
Thank you for sharing this.
Gracias Ro por compartir tu relato, tal vez no lo observemos ahora pero en algún tiempo cuando miremos atrás seguramente vamos a ver este como un memento de quiebre, ya sea en la sociedad, los países o en nosotros mismos. Lo vamos a tener en nuestra memoria, pero siempre es mejor cuando tenemos recordatorios como este.